100km Non Stop: Mariluz

Lleva los lentes colgando del cuello y no para de hablar, de preguntar, de sugerir. Recibe llamadas y las da. No ha dormido en muchas horas y sigue en pie, como una piedra que no necesita sueño, recibiendo a los que llegan a la meta, abrazando, felicitando, dando seguimiento a todos los que faltan y aún siguen en la cordillera. Tiene en las manos una tabla con muchos papeles atados. Una especie de check list de no se sabe qué extensión. No quiere que se le escape lo más importante, es decir, los detalles, porque es ahí en donde está el secreto para que las cosas salgan bien. Perfectas, no. ¿Perfectas? Imposible. Con que salgan bien es más que suficiente. La última vez que la vi llamaba una ambulancia para que asistiera a un atleta y ya no supe más de ella hasta que me fui. Cuando vuelva a hacer la carrera, el próximo año, la estaré viendo otra vez con los mismos lentes, con el mismo ímpetu de templario medieval, conquistando tierras santas invisibles.

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