La idea es de Fausto quien, teniendo un plato de sopa de pescado por delante, humeando, me sugirió que los cinco días en los que se corren los 100km del Caribe, son algo parecido a cinco etapas en las que se puede dividir la vida.
Me dijo que un muchacho de quince años suele destruir su vida cuando intenta hacerlo todo, experimentarlo todo a esa edad. Cuando se es niño, adolescente, adulto o viejito, hay que ser eso, nada más.
En una competencia que se desarrolla en cinco jornadas, como en el caso de los 100km del Caribe, al menos los dos primeros días hay que correr como un niño, es decir, como jugando, tomándoselo con calma. Entre el tercer y el cuarto día, es recomendable correr como un joven enamorado, volando bajo, ligeros como plumas. El quinto y último día, hay que correrlo como un adulto que sabe que sus minutos de vida se pueden acabar en cualquier momento y que es preciso darle un buen fin a lo comenzado.
Por otro lado, cuando se intenta correr adelantando etapas, tomamos el riesgo de quedarnos sin energía para concluir el evento. Esto es, continuando con la metáfora propuesta, intentar ser un adolescente desde el primer día, que es como casarse, terminar una carrera universitaria y tener hijos, todo a la vez, a los catorce años.
Así que, ya saben, para los próximos 100km del Caribe, corramos cada día como si estuviéramos viviendo diferentes etapas de nuestras vidas, guardando nuestro mejor esfuerzo para el final.
