100km Non Stop: tres mujeres salidas de un parto

Entonces, decidimos irnos temprano y la manera de hacerlo era salir a buscar una voladora que nos condujera al Abanico, en la Vega, para luego tomar otra más hasta Santiago. Le dimos la espalda a Alto Cerro contentos y agotados. Como los demás, no habíamos dormido durante más de treinta horas y, a los pocos minutos de salir camino a las montañas en el minibús, Frederich se durmió con la cabeza pegada al cristal. Jonathan cabeceaba, bailaba con un sueño que entraba y salía al tiempo que una bachata sonaba en el radio. El chofer iba rápido por las curvas. Se podía decir que se sabía el camino con los ojos vendados. Al llegar a la Vega tuvimos que esperar más de una hora para que el otro autobús se llenara y saliera de la estación. Una guagua a la que, por cierto, se le despegaba la puerta de improviso y se movía como los vehículos de los Picapiedras, más con nuestros pies que con sus cuatro neumáticos. Antes de llegar a Santiago tuvimos que pasar por una Vega congestionada por el tránsito de los que celebraban el fin del carnaval y, al llegar, por fin, sucedió que no podíamos más, al límite de nuestras fuerzas no nos podíamos levantar de nuestros asientos y la gente se quedó boquiabierta y silenciosa cuando vio a tres hombres salir de la guagua doblados y quejumbrosos, como mujeres salidas de un parto.

100km Non Stop: razones vitales para correr 100 kilómetros

Carreras como los 100km Non Stop nos enseñan lecciones importantísimas para nuestras vidas. Nos dicen dónde residen nuestras flaquezas, tanto en nuestros cuerpos como en nuestras almas. Ahí donde comenzamos a cojear está la debilidad que debemos sustituir por una fortaleza.

Los 100 kilómetros nos miden. Calculan lo que hemos crecido por dentro y por fuera y nos dicen, a veces duramente, que nos falta mucho por hacer para evolucionar. Porque esta carrera es sincera, no se anda con mareos verbales para decirnos la verdad de nuestro ser que su espejo refleja.

Sí, correr esa distancia nos hace duros, pero también flexibles. Le da elasticidad al alma humana, porque la extiende hasta donde la imaginación no suele llegar. Por eso, luego de haberlo intentado por primera vez, pienso que cualquiera que pueda simplemente caminar debiera incursionar alguna vez en ella–procurando entrenar antes, desde luego-.

Luego está el gozo que se experimenta al superar una prueba de tal magnitud, la confianza en las propias fuerzas; la seguridad que nos deja en el alma haber triunfado en algo como ello, luego de muchos fracasos. Sin embargo, terminar la carrera no es lo relevante, porque en una carrera de 100 kilómetros todo es enseñanza en el sentido de que, si no se llegó a la meta, también eso nos dice mucho de quiénes somos y de lo que debemos hacer para mejorar.

En conclusión, las inscripciones para los próximos 100km Non Stop aún no están abiertas pero yo ya estoy inscrito, porque sólo de este modo las lecciones de vida seguirán llegando… ay!, aunque duelan.