Caravana de trilleros

Two attractive young women in a convertible car

El domingo entrante iremos, como niños buenos, uno detrás del otro, cada cual en su vehículo hasta el punto en donde iniciará el Trillo Navideño del presente año. Nos encontraremos en el cuartel de la policía de Jacagua a las 7:30am. Luego, partiremos todos juntos hasta el lugar desde donde comenzaremos a correr, unos 10k más arriba. Allí iniciará la divesión. Síííííí.

La muerte del algodón

Runner feet running on road closeup on shoe. woman fitness sunri

El señor Manolo, un sexagenario que corre como un joven de quince, tenía un sueño: correr de Santiago a La Vega, unos 28 kilómetros mal contados. Lo conocí a través de Frederick quien, a su vez, corrió con él en la universidad una mañana temprano.

Era un reto para mí acompañarlos hasta La Vega. 28k sobre asfalto no eran un atractivo en lo absoluto. Cerraba los ojos e imaginaba lo que dirían de mí las rodillas y los tobillos luego de un recorrido como ese, sin hierba ni desniveles rocosos. Acepté, pero con los dedos cruzados. Esa mañana me colgué mi cinturón de hidratación, unos calcetines cortos, una visera, los Merrell que adoro –hablaré de mis Merrell en otra ocasión, se lo merecen-, pantalones, camiseta y un guineo –ups-. Encontré a mis amigos cerca de casa y salimos a correr desde El Embrujo I.

Nada, ni los camiones que se nos venían de frente, ni los motociclistas que nos sorprendían con las luces apagadas, ni la cuesta de kilómetros de Puñal me causó tanto malestar como lo hizo una ampolla enorme que me fue brotando en el pie derecho. Cuando llegué a La Vega, apenas podía caminar. No le di importancia al asunto y un par de semanas la ampolla había desaparecido pero, leyendo por ahí un librito de un tal Jason Fitzgerald (“101 simple ways to be a better runner”), supe que la causa de mi ampolla estaba en nada menos que mis calcetines, por ser de algodón. Firzgerald en tono jocoso nos dice que han pasado más de veinticinco años después del boom de los calcetines de algodón y muchísimos adelantos técnicos han creado una prenda bastante más sofisticada que nos permite correr sin el menor tipo de molestia.

En conclusión, los calcetines del corredor deben ser así, de corredores. No cometa el mismo error que yo y únase a mí para darle un entierro definitivo algodón. Al menos al que se usó en los calcetines para correr. Descanse en paz. Amén.