La misteriosa asunción de Lilo Comarazmi

Runner drinking water of the bottle after intensive evening jog

En el año 1984, un señor de enorme curiosidad se dedicó a contar la cantidad de pasos por minuto que daban todos los corredores en las Olimpíadas de ese mismo año. Ese señor, Jack Daniels, descubrió que, con la excepción de un solo atleta, todos daban más de 180 pasos por minuto. Unos años después escribió un libro –“Daniel´s Running Formula”– en el que recomendaba la importancia de mantener una cadencia similar si se quería llegar a ser un buen corredor. Mucha investigación se ha hecho sobre el asunto de los 180 pasos y se ha descubierto una relación estrecha entre correr rápido -con pasos cortos- y una disminución significativa de las lesiones. Este es un dato famoso y probablemente lo haya usted escuchado como lo hizo, en su tiempo, Lilo Comarazami.

Dar más de 180 pasos por minuto llegó a ser, en poco tiempo, la meta de corredores y entrenadores. Alguien llegó a proponer que para alcanzar dicho objetivo, que le imponía al corredor moverse bastante rápido, había que programar la mente convenciéndola de que se corría descalzo sobre fuego ardiente. A Lilo Comarazami, que leía de todo, que amaba correr y estaba muy interesado en mejorar su tiempo y su récord personal, la idea de Daniels le resultó interesante, no así la imagen del suelo ardiendo porque, al ser un cristiano fervoroso, se le parecía demasiado a una estancia pasajera en el infierno. A Lilo le gustaba correr, pero más le gustaba la idea de pasar a mejor vida en el cielo así que, se las ingenió para crearse una imagen personal que lo hiciera dar esa cantidad mínima de pasos sin, por ello, llevarse al infierno. Imaginó que antes de iniciar la carrera, segundos antes, encontraba la tumba del Señor abierta y él, adentro, esperándole para pedirle que saliera corriendo a anunciar la buena nueva de su resurrección. Lilo lo imaginó, lo puso en práctica y, además, le funcionó. La gente llegó a decir que por una extraña autosugestión, ganó media docena de eventos.

Esta particular manera de motivarse, sin embargo, no fue lo que lo hizo famoso. Dos hechos lograron poner su nombre en la boca de todos y el primero fue gritar, sin proponérselo, un jubiloso “¡resucitó!”, al llegar a la meta de un evento nacional. La otra fue salir al frente de un pelotón de corredores en una competencia por las calles de su pueblo y desaparecer.

La gente sólo recuerda haberlo visto al inicio de la carrera y nada más. Ni siquiera las cámaras ni los teléfonos móviles pudieron registrar lo que con él sucedió. Todavía hoy se cree que Lilo Comarazami, comenzada la carrera y sin que nadie se diera cuenta, fue asunto al cielo, donde comparte residencia con su Señor.

Nota trail: todo lo dicho sobre los 180 pasos por minuto y su creador es cierto. Léase el libro de Daniel, para más información: “Daniel´s Running Formula”. El libro está disponible en su tercera edición a través de Amazon, tanto en formato de papel como en el digital (cuesta tan sólo 6 dólares).

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