Correr y no correr es lo mismo

A young woman wearing a hat and a summer dress is relaxing on the grass

A estas alturas estoy consciente de algo que, aunque me afecta, no lo puedo evitar. Hablo del descanso, de lo importante que es para todos los atletas, para que sus músculos se recuperen del agotamiento y de los desgarros minúsculos que nacen de la intensidad de los entrenamientos. Lo sé pero, quizá como muchos otros, hace dos años que casi no duermo una noche completa porque las niñas están muy pequeñas y, entres las malas costumbres que quieren imponer y las fiebres o las congestiones, pocas veces no despiertan a mitad de la noche.

Todo aquel que quiera crecer como corredor y conseguir el sueño tripartito que anhelamos, debe descansar, desear hacerlo con la misma fogosidad con la que entrena. ¿De qué sueño hablo? De este: de poder correr más rápido, más lejos y de mantenerse alejado de cualquier lesión.

Es cierto lo que reza la espiritualidad oriental, los extremos que se alejan, se unen en cierto punto. El contraste no existe. Lejos y cerca es lo mismo. Frío y caliente, también. Dormir y correr por igual, porque si no se duerme mucho y bien, no podremos dar dos pasos sin sentirnos mal.

¡A dormir! Grrrrrrr

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