Los márgenes existen

Riposo dopo corsa in montagna

Dicen por ahí que, cualquier cosa que hacemos, afecta todo lo demás. Es decir, por ejemplo, si usted trabaja por la adquisición de cierta cantidad de dinero y establece, para ello, relaciones de tipo comercial con socios, suplidores, empleados y clientes, podría llegar un momento en el cual todas sus relaciones las vea y viva desde la perspectiva de un intercambio financiero. En dicho intercambio usted procuraría, a toda costa, obtener un beneficio y jamás se involucraría con nadie al que no le pueda sacar algún provecho. Este sería el ejemplo de un reduccionismo lamentable y triste, porque alguien que sólo se acerque a los demás para explotarlos a su favor, jamás sabrá lo que es dar o recibir amor.

Le doy otro ejemplo. Todos aprendemos a manejar un automóvil a temprana edad y, llegados a los dieciocho o a los veinte años, el estado nos da permiso para circular en un carro. Quien conduce, tiene muy poco tiempo para ver a los lados pues debe centrar su atención hacia el frente, a donde se dirige, o hacia atrás, de donde le puede venir alguna amenaza. A usted quizás le haya pasado como a mí que, luego de haber cruzado en mi carro decenas de veces por el mismo lugar, sólo llego a conocerlo de verdad cuando camino por él, porque sólo caminando puedo conocer los márgenes del camino, las casas que se levantan una frente a la otra, el perro gris de aquella vecina, los árboles de la calzada. Caminando me puedo detener cuando me plazca sin que alguien me toque la bocina por detrás. Pero si el ver sólo hacia adelante se cuela en su manera de ver la vida porque, por igual, es lo que hace durante horas manejando, entonces verá muy poco de ella y, quizás, lo menos interesante.

Correr, y mucho mejor si es por trillo, puede hacer un milagro por nosotros los que sólo estamos enfocados en lo que está delante o está detrás, en el pasado o en el futuro, y es abrir nuestro interior a los márgenes de la realidad. El que está al lado, existe; este camino empedrado en el que no me había fijado, existe; esta flor de la orilla, existe. De vez en cuando, deténgase y, tanto en su vida como en ese viejo camino que recorre a las seis de la mañana, de una vuelta de 360 grados. Tal vez se sorprenda al notar cómo, para ser sinceros, jamás ha estado o pasado por allí. Los márgenes de la realidad existen, y son el complemento de aquello que dejamos detrás y de todo lo que nos espera en el porvenir.

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