Lo que diré a continuación es real. Sucedió tal cual le llegó de la memoria al que me lo contó, y le creo.
La persona, un corredor de trillos de varios años de experiencia, sufría de dolores agudos en la rodilla derecha. Iban y venían a su antojo y temía por la salud de sus piernas, porque tampoco quería dejar de correr y no le apetecía escuchar la voz ronca de algún médico obligándolo a abandonar su pasión, para luego mandarlo a dar pasos cortos a una caminadora de gimnasio. Pero la persona en cuestión era muy curiosa y, por lo regular, nunca dejaba de leer y de ver videos informativos sobre el arte de correr y de cómo hacerlo bien. Viendo uno de esos videos estaba cuando, un especialista, evaluando la manera de correr de un atleta, señaló porqué le dolía también la rodilla. Todo se resumía a lo siguiente, cuando el atleta tocaba la tierra con el pie izquierdo, su pelvis se inclinaba visiblemente hacia el lado derecho creando un desbalance que ponía muchísima presión sobre la rodilla. ¿Por qué dicho atleta dejaba caer la pelvis hacia ese lado de una manera tan exagerada? Pues, sencillamente, por una pequeña desviación en la columna vertebral.
Cuando mi amigo vio esto, pensó, eso es justamente lo que me pasa a mí, no lo puedo creer. Al día siguiente le tocó la puerta a un quiropráctico que había a un par de esquinas de su negocio para, en efecto, comprobar que también padecía de varias subluxaciones entre la primera y la última vértebra, así como de una ligera escoliosis lumbar que afectaba su manera de correr.
El quiropráctico, un extranjero de más cuarenta años de experiencia, le contó que trabajó con corredores en su país por un buen tiempo y le manifestó su disgusto con la obsesión de la mayor parte de dichos atletas, de sólo poner sus ojos en la dolencia que tienen en una pantorrilla, en un tobillo o en una rodilla, porque pocas veces se molestaban en buscar una causa común la cual, según él, estaba en esa formación ósea en torno a la cual están ensambladas todas las extremidades.
En conclusión, si tienes alguna molestia al correr o después de hacerlo, visita un quiropráctico, un ortopeda o un terapista físico y hazte una evaluación de la columna vertebral. No sigas el camino tortuoso de mi amigo, un hombre que había olvidado que tenía columna y, al parecer, corría sin ella.
