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https://photos.google.com/album/AF1QipNBEFib515LeRCJQhu-5jOyNvrk38Q01XJWsliN
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En el año 2004, Paula Radclife participó en los juegos Olímpicos de Atenas. Su participación no pudo ser peor. Desde el inicio tuvo problemas estomacales, fatiga y dolores en las piernas. Como muestra la imagen, Radclife se vio agobiada, su rostro está constreñido por el malestar y la sensación de que no podía dar lo mejor. Analicemos las imágenes con detalle y aprendamos de ellas.
Como se ve en la primera toma, el glúteo medio derecho de Radclife se muestra incapaz de sostener la verticalidad de su cuerpo y, al flaquear, su cadera derecha colapsa y se lanza hacia afuera. Cuando esto sucede, la cadera se hunde del lado izquierdo y, a su vez, la parte baja de la columna se tuerce hacia la derecha. Para mantener el balance, Radclife, de manera inconsciente, crea una compensación inclinando el hombro derecho hacia abajo, lo cual la hace recostar la cabeza del lado contrario. Al final, mientras corre, el cuerpo de la atleta se parece a la carretera que lleva a Las Terrenas, muchas curvas y poca estabilidad.
Cuando la cadera de un corredor colapsa hacia un lado, pone muchísimo stress en toda el área hacia el cual lo hace. Normalmente lo que se desarrolla es lo que se llama ITBS –Illiotibial Band Symdrome-, lo que causa mucho dolor y te aleja de la pistas por un buen tiempo.
La siguiente imagen muestra a la misma Radclife un año después, en el mundial de atletismo de Helsinki del 2005. La foto capta a la atleta que habrá de romper el record mundial en los 42 kilómetros, algo que nadie ha podido quebrantar hasta entonces como mujer-2:20:57-. Su cuerpo muestra a una persona elástica, pero de glúteos y abdomen fuertísimos, lo que le permite caer e impulsarse y siempre mantenerse completamente erguida. Puede dibujarse una línea recta de la cabeza a la punta de su pie y tanto sus hombros como su cadera parecen líneas horizontales paralelas al suelo. Ésta, amigos lectores, es la anatomía del éxito.
En conclusión, aprendamos de Radclife, hagamos una rutina diaria para fortalecer los glúteos y el abdomen, visualícese corriendo erguida/o, con la cadera equilibrada en cada paso, y su vida atlética tendrá un giro hacia el mejor atleta que aguarda dentro de sí.
Nota Trail: para más información, léase esta delicia de libro:
Horowitz, J. Quick Strenghth for Runners. Velo Press. Colorado. 2013
Los vemos a diario en las oficinas públicas o privadas, en los portales de los colegios, en las aceras, detrás del volante, en los trillos, en los charcos, en los parques, en los jardines universitarios modelando ropa nueva y calzado de más de 10 mil. Los vemos y nos hacen sufrir. Son los corredores que se gozan en pasarnos por encima, jamás por el lado. Son los que han olvidado palabras comunes como “perdón”, “gracias”, “por favor”, “lo siento”. Son los que se gozan en el dolor del otro y, si alguien se lesiona, se encargan de divulgarlo como si anunciaran la cura de alguna enfermedad. Caminan muy erguidos y son expertos en mirar por encima del hombro. Son más altos que los demás porque están subidos en zapatos que no se pueden comprar con moneda nacional. Se esfuerzan muchísimo en llegar a la meta primero que los fulanos con los que corre y, una y otra vez, revisan la lista de los finalistas de las competencias para ver los nombres de las personas que superó en tiempo. Son gente que dan pena porque, poco a poco, se adentran en el camino de dejar de ser personas para llegar a cerdos. Y de los cerdos, amigos lectores, se come todo, pesuñas, orejas, costillas, tripas, ojos. Todos sabemos lo que pasará con el cerdo trillero, terminará en el plato de otro peor que él.
Salí con mis tres mujeres –esposa e hijas- para la Capital de la República Dominicana, esa urbe que parece no tener límites ni en el número de habitantes ni en el de vehículos y llegué a Go Run. Les cuento que, no sólo me sentí en casa, sino en mi playa favorita, acostado en la arena; es decir, en un lugar verdaderamente agradable y en el que todo corredor se sentiría igual que yo, arrobado por la belleza y el colorido del calzado y la vestimenta propia de nuestra pasión.
En Go Run, los corredores no sólo obtendrán el calzado que desean, sino también el que necesitan, porque cuenta con la tecnología apropiada para indicarles cuál es el que les va, luego de estudiar el arco de sus pies y sus pisadas. También pueden adquirir geles, proteínas, y todo el bla, bla, bla que se suele consumir para adquirir energía antes y después de nuestras carreras. Otro detalle: los que aún no tienen su pulsera de identificación (Road ID), la pueden solicitar a través de Go Run.
No sean tímidos. Invitamos a todos los que nos siguen a darse una vuelta por Go Run. Saldrán satisfechos.
La gente que vive en la luna, como quien les escribe, también gusta de buscarle razones a las decisiones que toma. No todos lo hacen. Algunos se deciden, actúan y luego piensan en lo que hicieron, lo cual en determinadas ocasiones es lo que debe hacerse, como cuando se precisa salvarle la vida a alguien. Ahora bien, como no es el caso y la vida de nadie depende ello, hoy pensaba en porqué me mentía en eso de participar en los 100km del Caribe. La idea me mortificó un tanto porque estaba justamente corriendo bajo el sol de las doce del mediodía, minutos antes de buscar a Vivi al colegio, agotado, con el calorazo que está haciendo en este verano anticipado, imagínense. Tenía que encontrar un motivo claro para que el cansancio y la desilusión no me impidieran bajar la intensidad del entrenamiento. Hice mi lista mental, y me dije, yo voy a correr los 100km del Caribe:
– Por el contacto enriquecedor con seres humanos que aman el bien, el medio ambiente, la salud, la vida, el lado luminoso de la realidad, y que sólo en eventos como éstos se puede tener;
– por mis hijas, porque quiero mostrarles, desde pequeñas, que la vida de los periódicos, con sus neblinas y sus arenas en los ojos, no lo son todo, que también existen el verde y el azul y muchísimos más colores en el arcoíris que le da la vuelta al mundo;
– para colocar un paréntesis memorable a la rutina, ese viento mezquino que apaga los fuegos más intensos;
– para mojar mis pies en el agua del mar;
– para meter aire puro a unos pulmones que algún día se cerrarán;
– para seguir venciendo el no gigante que gobierna la mente y que no hace más que envilecernos (no lo hagas, no podrás hacerlo, deja de ser un niño y ponte a trabajar, no llegarás ni al kilómetro cinco, bla, bla, bla);
– porque algún día, por razones de edad o destino, no podré hacerlo y el presente es el único tiempo con el que cuento;
– porque correr deja un rastro -con sudor, con lágrimas, con pies cansados-, y ese rastro es aquello que, al final de nuestros días, nos dará la garantía de haber vivido.