No ahorque sus pies

Hace unos días, una compañía que vende accesorios para atletas subió un video a Youtube que se ha vuelto viral y que hoy comparto con ustedes. En dicho video, un señor explica cómo utilizar los últimos agujeros de las zapatillas para correr. Admito que no sabía qué hacer con esos agujeros hasta que lo vi. Ya sabrán que vivo inventando conmigo mismo y me amarré mis tennis hasta lo más alto y, debo admitir, nunca había sentido un calzado que quedara más ajustado a mi pie por completo. Sentía que estaba unido a mis pies como la piel misma. Salí a correr y, después un tiempo, comencé a sentir un ligero malestar en la planta de los pies, como quien va a desarrollar la muy temida fascitis plantar. Les recuerdo que la fascitis plantar tiene como causa, entre otras más –como una excesiva pronación, por ejemplo-, la escasa flexibilidad en los tendones, los músculos y los ligamentos que van de la planta del pie hasta la pantorrilla, pasando por el talón. Es cierto que si usted se ata los cordones como se explica en el video su pie se no se moverá ni un milímetro dentro del calzado evitando, por lo tanto, la aparición de ampollas y otras molestias similares. Sin embargo, al ajustarse las zapatillas para correr de esa manera, usted bloqueará su talón, sus tobillos y sus tendones, impidiendo una pisada elástica y flexible, que es lo que permite que usted caiga suave con todo su peso en un solo pie y, luego, se propulse hacia adelante en un impulso en el que utilice la menor cantidad de energía, pero mucha eficiencia.

Sin flexibilidad, no hay atleta. Por alguna razón todo el que sabe recomienda hacer ejercicios de flexibilidad, para desentumecer todas las articulaciones y esa red de tejido conectivo que con le dan forma. Saque sus propias conclusiones que yo, por mi parte, ya lo hice. Jamás me vuelvo a ahorcar los pies como en aquella mañana. Never, my dear friends.

El cerdo trillero

Funny pig in the mountain. Dolomiti, italy

Los vemos a diario en las oficinas públicas o privadas, en los portales de los colegios, en las aceras, detrás del volante, en los trillos, en los charcos, en los parques, en los jardines universitarios modelando ropa nueva y calzado de más de 10 mil. Los vemos y nos hacen sufrir. Son los corredores que se gozan en pasarnos por encima, jamás por el lado. Son los que han olvidado palabras comunes como “perdón”, “gracias”, “por favor”, “lo siento”. Son los que se gozan en el dolor del otro y, si alguien se lesiona, se encargan de divulgarlo como si anunciaran la cura de alguna enfermedad. Caminan muy erguidos y son expertos en mirar por encima del hombro. Son más altos que los demás porque están subidos en zapatos que no se pueden comprar con moneda nacional. Se esfuerzan muchísimo en llegar a la meta primero que los fulanos con los que corre y, una y otra vez, revisan la lista de los finalistas de las competencias para ver los nombres de las personas que superó en tiempo. Son gente que dan pena porque, poco a poco, se adentran en el camino de dejar de ser personas para llegar a cerdos. Y de los cerdos, amigos lectores, se come todo, pesuñas, orejas, costillas, tripas, ojos. Todos sabemos lo que pasará con el cerdo trillero, terminará en el plato de otro peor que él.

Correr y no correr es lo mismo

A young woman wearing a hat and a summer dress is relaxing on the grass

A estas alturas estoy consciente de algo que, aunque me afecta, no lo puedo evitar. Hablo del descanso, de lo importante que es para todos los atletas, para que sus músculos se recuperen del agotamiento y de los desgarros minúsculos que nacen de la intensidad de los entrenamientos. Lo sé pero, quizá como muchos otros, hace dos años que casi no duermo una noche completa porque las niñas están muy pequeñas y, entres las malas costumbres que quieren imponer y las fiebres o las congestiones, pocas veces no despiertan a mitad de la noche.

Todo aquel que quiera crecer como corredor y conseguir el sueño tripartito que anhelamos, debe descansar, desear hacerlo con la misma fogosidad con la que entrena. ¿De qué sueño hablo? De este: de poder correr más rápido, más lejos y de mantenerse alejado de cualquier lesión.

Es cierto lo que reza la espiritualidad oriental, los extremos que se alejan, se unen en cierto punto. El contraste no existe. Lejos y cerca es lo mismo. Frío y caliente, también. Dormir y correr por igual, porque si no se duerme mucho y bien, no podremos dar dos pasos sin sentirnos mal.

¡A dormir! Grrrrrrr

Una vuelta por Go Run

young woman running on sunrise beach

Salí con mis tres mujeres –esposa e hijas- para la Capital de la República Dominicana, esa urbe que parece no tener límites ni en el número de habitantes ni en el de vehículos y llegué a Go Run. Les cuento que, no sólo me sentí en casa, sino en mi playa favorita, acostado en la arena; es decir, en un lugar verdaderamente agradable y en el que todo corredor se sentiría igual que yo, arrobado por la belleza y el colorido del calzado y la vestimenta propia de nuestra pasión.

En Go Run, los corredores no sólo obtendrán el calzado que desean, sino también el que necesitan, porque cuenta con la tecnología apropiada para indicarles cuál es el que les va, luego de estudiar el arco de sus pies y sus pisadas. También pueden adquirir geles, proteínas, y todo el bla, bla, bla que se suele consumir para adquirir energía antes y después de nuestras carreras. Otro detalle: los que aún no tienen su pulsera de identificación (Road ID), la pueden solicitar a través de Go Run.

No sean tímidos. Invitamos a todos los que nos siguen a darse una vuelta por Go Run. Saldrán satisfechos.

El uno lleva al dos y el dos al tres

Close up of feet of a runner

Close up of feet of a runner

Cuenta el Dr. Romanov que, si una persona sale a correr un día después de golpearse el dedo de un pie, terminará lesionado. Dice ésto porque, aunque usted no sea consciente de ello, su cuerpo realizará sutiles modificaciones a su mecánica con tal de no caer sobre ese dedo y que luego le duela. Ese ligero cambio creará un desbalance que lo lastimará. Todos conocemos ese corredor que se queja de alguna pequeña molestia y, de todos modos, sale a la calle sin consultar a nadie. Esa persona terminará reclinando su cuerpo hacia el lado contrario al dolor porque, ¿qué cree usted que hace su cerebro? Nada menos que protegerlo de toda sensación desagradable, cuidarlo del mal. La consecuencia, pues, es lógica, una lesión lleva a la otra; la primera a la segunda, y la segunda a la tercera.

Si siente una pequeña molestia, descanse. Si en el curso de un par de días persiste, consulte a un especialista. Recuerde lo que dije, el uno lleva al dos y el dos al tres. Aritmética fundamental.

Nota Trail: El libro que cito arriba es una lectura imprescindible para todo corredor. También lo consiguen en Amazon.

Romanov, N. “Pose Method of Running”. Pose Tech Corp. 2002

Razones para correr 100k

Spring Trail running 2

La gente que vive en la luna, como quien les escribe, también gusta de buscarle razones a las decisiones que toma. No todos lo hacen. Algunos se deciden, actúan y luego piensan en lo que hicieron, lo cual en determinadas ocasiones es lo que debe hacerse, como cuando se precisa salvarle la vida a alguien. Ahora bien, como no es el caso y la vida de nadie depende ello, hoy pensaba en porqué me mentía en eso de participar en los 100km del Caribe. La idea me mortificó un tanto porque estaba justamente corriendo bajo el sol de las doce del mediodía, minutos antes de buscar a Vivi al colegio, agotado, con el calorazo que está haciendo en este verano anticipado, imagínense. Tenía que encontrar un motivo claro para que el cansancio y la desilusión no me impidieran bajar la intensidad del entrenamiento. Hice mi lista mental, y me dije, yo voy a correr los 100km del Caribe:

– Por el contacto enriquecedor con seres humanos que aman el bien, el medio ambiente, la salud, la vida, el lado luminoso de la realidad, y que sólo en eventos como éstos se puede tener;

– por mis hijas, porque quiero mostrarles, desde pequeñas, que la vida de los periódicos, con sus neblinas y sus arenas en los ojos, no lo son todo, que también existen el verde y el azul y muchísimos más colores en el arcoíris que le da la vuelta al mundo;

– para colocar un paréntesis memorable a la rutina, ese viento mezquino que apaga los fuegos más intensos;

– para mojar mis pies en el agua del mar;

– para meter aire puro a unos pulmones que algún día se cerrarán;

– para seguir venciendo el no gigante que gobierna la mente y que no hace más que envilecernos (no lo hagas, no podrás hacerlo, deja de ser un niño y ponte a trabajar, no llegarás ni al kilómetro cinco, bla, bla, bla);

– porque algún día, por razones de edad o destino, no podré hacerlo y el presente es el único tiempo con el que cuento;

– porque correr deja un rastro -con sudor, con lágrimas, con pies cansados-, y ese rastro es aquello que, al final de nuestros días, nos dará la garantía de haber vivido.

http://100kmdelcaribe.com/es/

 

La misteriosa asunción de Lilo Comarazmi

Runner drinking water of the bottle after intensive evening jog

En el año 1984, un señor de enorme curiosidad se dedicó a contar la cantidad de pasos por minuto que daban todos los corredores en las Olimpíadas de ese mismo año. Ese señor, Jack Daniels, descubrió que, con la excepción de un solo atleta, todos daban más de 180 pasos por minuto. Unos años después escribió un libro –“Daniel´s Running Formula”– en el que recomendaba la importancia de mantener una cadencia similar si se quería llegar a ser un buen corredor. Mucha investigación se ha hecho sobre el asunto de los 180 pasos y se ha descubierto una relación estrecha entre correr rápido -con pasos cortos- y una disminución significativa de las lesiones. Este es un dato famoso y probablemente lo haya usted escuchado como lo hizo, en su tiempo, Lilo Comarazami.

Dar más de 180 pasos por minuto llegó a ser, en poco tiempo, la meta de corredores y entrenadores. Alguien llegó a proponer que para alcanzar dicho objetivo, que le imponía al corredor moverse bastante rápido, había que programar la mente convenciéndola de que se corría descalzo sobre fuego ardiente. A Lilo Comarazami, que leía de todo, que amaba correr y estaba muy interesado en mejorar su tiempo y su récord personal, la idea de Daniels le resultó interesante, no así la imagen del suelo ardiendo porque, al ser un cristiano fervoroso, se le parecía demasiado a una estancia pasajera en el infierno. A Lilo le gustaba correr, pero más le gustaba la idea de pasar a mejor vida en el cielo así que, se las ingenió para crearse una imagen personal que lo hiciera dar esa cantidad mínima de pasos sin, por ello, llevarse al infierno. Imaginó que antes de iniciar la carrera, segundos antes, encontraba la tumba del Señor abierta y él, adentro, esperándole para pedirle que saliera corriendo a anunciar la buena nueva de su resurrección. Lilo lo imaginó, lo puso en práctica y, además, le funcionó. La gente llegó a decir que por una extraña autosugestión, ganó media docena de eventos.

Esta particular manera de motivarse, sin embargo, no fue lo que lo hizo famoso. Dos hechos lograron poner su nombre en la boca de todos y el primero fue gritar, sin proponérselo, un jubiloso “¡resucitó!”, al llegar a la meta de un evento nacional. La otra fue salir al frente de un pelotón de corredores en una competencia por las calles de su pueblo y desaparecer.

La gente sólo recuerda haberlo visto al inicio de la carrera y nada más. Ni siquiera las cámaras ni los teléfonos móviles pudieron registrar lo que con él sucedió. Todavía hoy se cree que Lilo Comarazami, comenzada la carrera y sin que nadie se diera cuenta, fue asunto al cielo, donde comparte residencia con su Señor.

Nota trail: todo lo dicho sobre los 180 pasos por minuto y su creador es cierto. Léase el libro de Daniel, para más información: “Daniel´s Running Formula”. El libro está disponible en su tercera edición a través de Amazon, tanto en formato de papel como en el digital (cuesta tan sólo 6 dólares).

La muerte del algodón

Runner feet running on road closeup on shoe. woman fitness sunri

El señor Manolo, un sexagenario que corre como un joven de quince, tenía un sueño: correr de Santiago a La Vega, unos 28 kilómetros mal contados. Lo conocí a través de Frederick quien, a su vez, corrió con él en la universidad una mañana temprano.

Era un reto para mí acompañarlos hasta La Vega. 28k sobre asfalto no eran un atractivo en lo absoluto. Cerraba los ojos e imaginaba lo que dirían de mí las rodillas y los tobillos luego de un recorrido como ese, sin hierba ni desniveles rocosos. Acepté, pero con los dedos cruzados. Esa mañana me colgué mi cinturón de hidratación, unos calcetines cortos, una visera, los Merrell que adoro –hablaré de mis Merrell en otra ocasión, se lo merecen-, pantalones, camiseta y un guineo –ups-. Encontré a mis amigos cerca de casa y salimos a correr desde El Embrujo I.

Nada, ni los camiones que se nos venían de frente, ni los motociclistas que nos sorprendían con las luces apagadas, ni la cuesta de kilómetros de Puñal me causó tanto malestar como lo hizo una ampolla enorme que me fue brotando en el pie derecho. Cuando llegué a La Vega, apenas podía caminar. No le di importancia al asunto y un par de semanas la ampolla había desaparecido pero, leyendo por ahí un librito de un tal Jason Fitzgerald (“101 simple ways to be a better runner”), supe que la causa de mi ampolla estaba en nada menos que mis calcetines, por ser de algodón. Firzgerald en tono jocoso nos dice que han pasado más de veinticinco años después del boom de los calcetines de algodón y muchísimos adelantos técnicos han creado una prenda bastante más sofisticada que nos permite correr sin el menor tipo de molestia.

En conclusión, los calcetines del corredor deben ser así, de corredores. No cometa el mismo error que yo y únase a mí para darle un entierro definitivo algodón. Al menos al que se usó en los calcetines para correr. Descanse en paz. Amén.