El corredor ganso

Flock of Canada Geese Flying in a Blue Sky

Veía un video instructivo por segunda vez y me pareció curioso que la entrenadora insistiera tanto en cómo debía estar colocada la cabeza mientras se corre. Ella lo decía de una manera que me resultó graciosa. Hay que mirar siempre hacia adelante y tener la cabeza como si se estuviera dando un beso, afirmaba, mientras se reía. La gente besa de muchas maneras. En el asunto amoroso de juntar los labios hay un abanico muy amplio de posibilidades así que, ella, previendo cualquier confusión, inclinaba la cabeza hacia adelante y levantaba la barbilla para besar a un supuesto amante.

Bueno, yo, que vivo experimentando conmigo mismo antes de preguntarle a nadie, con el riesgo que eso representa, salí a correr con la intención de besar el mundo mientras lo hacía. Oh, pero tremenda sorpresa la que me llevé. Pasando por el frente de un negocio vi una imagen grotesca reflejada en el escaparate. Me asusté. Yo no era yo sino un ganso. Y no estaba corriendo por el mundo, sino dentro de la mente de Kafka. Me detuve, me froté los ojos y, poco a poco volví a ver la cara de desnutrido me ha caracterizado toda la vida.

Algo terrible me había pasado. Mientras corría, llevaba la cabeza tan delante de mí que no parecía sino una de esas bestias blancas a punto de emprender el vuelo. Así que, pensé, esto no es normal, no he visto jamás a un corredor profesional hacer algo parecido.

En llegando a la casa, seguí con mi investigación y fui derecho a Google con una inquietud: si coloco mi cabeza por delante de mi pecho mientras corro, ¿cuál será el peso que lance hacia el frente? Las respuestas variaron pero, en promedio, 15 libras. Eso pesa la cabeza de un ser humano, lo cual era demasiado. El solo peso de mi cabeza haría que me fuera de bruces al suelo o me lastimara con tanto esfuerzo innecesario.

Con respecto a mi cabeza, hoy en día procuro dejarla en su puesto, sobre los hombros, lo más relajada posible. Me empeño en dirigir la vista hacia adelante la mayor parte del tiempo, aunque sé que, mientras corro por trillos, en especial si el sendero es muy irregular o está empedrado, esto es prácticamente imposible. Pero juego con subir o bajar la vista, no la cabeza, lo cual crearía un desequilibrio enorme debido al peso que la misma tiene.

Si usted es tan romántico como yo y desea salir a besar todo lo vivo que se encuentre en el camino, se lo respeto, pero cuídese de no terminar mutando de naturaleza, convirtiéndose en otro corredor ganso que se desplaza por los intrincados caminos de la mente de Kafka.

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