Correr con las puertas abiertas

Running Woman. Outdoor Workout in a Park

En la década de los 90 conocí a una persona singular. Era un alguien muy interesado en todo lo espiritual y había organizado cada día de la semana en torno a algo en lo que no dejaba de estar atento, sus sentidos. Tenía un programa parecido al que les voy a mostrar.

Lunes: vista.

Martes: oído.

Miércoles: olfato.

Jueves: tacto.

Viernes: gusto.

Sábado: vista (por segunda vez)

Domingo: oído (por segunda vez)

Javier, así se llamaba, el día que dedicaba al sentido de la vista, intentaba observar cada detalle visual que le brindaba la luz. El color de algo insignificante, el movimiento veloz o lento de cualquier ser viviente. Todo. Con el mayor grado de atención que le era posible. Lo mismo hacía cuando pasaba al día siguiente y lo dedicaba a un sentido distinto. Este amigo del que hablo, en un mundo en donde la gente suele estar dispersa, estresada; donde no se respira, ni se distinguen sabores, ni se ve al prójimo ni al lejano; donde el hombre sale de su caparazón para explotar a sus hermanos, llegó a dominar un alto nivel de concentración, gozo, libertad y desprendimiento. Javier, porque estaba atento, sentía que no sólo la vida pasaba por él, sino que también él pasaba por ella, viviéndola.

Cuando hacemos Trail Running con un espíritu contemplativo, accedemos a ese mundo de puertas abiertas al que mi amigo intentaba incorporarse cada mañana. Como sabemos, día por día nos cerramos más a la realidad, convivimos con un interior plagado de miedo, con terror a todo lo que hay fuera de nosotros y nos la pasamos rumiando ya sean razones para el desasosiego o motivos que aumentan nuestras ambiciones insensatas. Este el mayor estímulo para hacer Trail Running que pueda tener cualquier persona: cuando corremos por esos trillos deformes, el camino nos empuja a que lo hagamos con las puertas abiertas, provocando que nos sintamos verdaderamente vivos y plenos. Lo opuesto a esto es continuar con la melancolía del asfalto, bloqueados, ensimismados, respirando smog; moviendo los pies como zombis y no como seres humanos plenos y agradecidos de la vida.

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