No has visto nada

Runner athlete running on forest trail

Tú crees que lo has visto todo, que lo has vivido todo pero, si no participas de “Aventura en la Presa 2015”, te habrás perdido de una buena porción de lo que puede ofrerte la vida. Ya sabes. 13 de septiembre. Sólo 100 corredores y una experiencia inolvidable.

El que camina, gana

Sun rays shining through the trees on an empty lane in the forrest.

Algunos interesados, aunque dudosos, se han acercado a nosotros para preguntar si se puede caminar en el próximo evento a celebrarse en la Presa de Taveras y a todos les hemos dado la misma respuesta, sí, claro que pueden. De hecho, las probabilidades de que un caminante disfrute más del evento que la suma de todos los corredores son altas. Esto es así porque podrá aprovechar mucho más de la riqueza del medio, del paisaje que abarcarán sus ojos sin la prisa del que quiere llegar primero. Los esperamos a todos, al que quiere correr y al que quiere caminar. Unos llegarán antes y otros después, pero llegarán. El que corre por trillos y ama la naturaleza entiende de esto y no se preocupa por el puesto en el que va. Sabe que va, y eso es lo importante.

“Aventura en la Presa 2015”. Sólo 100 corredores y una experiencia inolvidable.

 

Porqué José Rubiera ganó los 10k del Búho

jose rubiera

La imagen que usted ve más arriba fue tomada por el fotógrafo de 3Sportview durante la última edición de los 10k del Búho en la ciudad de Santiago. En la misma, José Rubiera, el ganador de la competencia y, además, aquel que implantó un nuevo record al acortar la distancia en un formidable tiempo de 32:33 minutos, hace su entrada triunfal. Entra como un rayo y hace unos últimos doscientos metros impresionantes. Esta foto evidencia porqué Rubiera ganó la carrera y porqué los corredores élite suelen llevarle tanto tiempo en cualquier competencia a los que no lo son y, además, porqué llegan tan relajados a la meta. Sólo mencionaré dos aspectos de la mecánica de Rubiera y, para ello, me centraré en sus dos piernas.

Pierna izquierda (“Hip extensión”).

La pierna izquierda de Rubiera dibuja algo que se suele llamar extensión de cadera o “hip extension”. Se logra cuando la persona tiene el suficiente grado de elasticidad para que la pierna que va detrás se extienda como se ve en la imagen. Rubiera logra poner su pierna izquierda muy atrás, casi con la intención de ponerla paralela al suelo mientras la parte alta de su cuerpo se mantiene estable. Póngase de pie un momento y, sin inclinarse hacia adelante por la cintura, trate de levantar cualquiera de sus piernas hacia atrás sin doblarlas. Notará que se endurecen sus glúteos y sus “hamstrims”, los músculos de la parte de atrás del muslo. Esto le dirá que, entre otras cosas, para usted lograr esa extensión de cadera tendrá que, como José Rubiera, tener unos glúteos y unos hamstrims de acero. Pero, ¿por qué es importante lo que mencionamos? Sencillo, mayor sea el grado extensión y flexibilidad del corredor, mayor será el terreno que el mismo cubra entre una pisada y otra. Si pudiéramos medir el espacio que cubrió Rubiera entre una pisada y otra en esos últimos doscientos metros, nos asustaríamos.

Por la extensión de la pierna que se ve en la foto, sin embargo, no se puede concluir que Rubiera se esté “empujando”. Correr, por lo menos correr bien, no es empujarse, sino dejarse caer en muchas caídas consecutivas bien controladas. Haga la prueba. Párese nuevamente y comience a saltar en un solo pie y mire a ver si puede llegar a los quince minutos haciéndolo; luego cambie de pie y haga lo mismo con el otro durante quince minutos más. Esos serán treinta minutos infernales. Correr bien no es matarse empujándonse hacia adelante, como si fuera cosa únicamente de músculo –que también lo es, no me malinterpreten-, es dejarnos caer para que la gravedad nos mueva.

Pierna derecha (centro de gravedad). Como podrá ver, el talón de la pierna derecha de Rubiera va camino a tocar el glúteo del mismo lado. La gente suele creer que ese pie debiera ir delante porque entiende que, correr, es colocar un pie delante del otro, lo cual es errado. El pie de la pierna que guía el camino debe buscar, con el talón, el glúteo de su mismo lado. De ese modo, cuando la pierna caiga, el pie quedará debajo del centro de gravedad del corredor, no delante, ocasionando que la persona en lugar de deslizarse con suavidad, se frene. A esto es a lo que se llama “overstriding”, causa de muchísimas lesiones que, con este sólo cambio, se pudieran evitar. El corredor común suele lanzar el pie delante de su cuerpo para avanzar y no hace otra cosa más ir frenándose, convirtiendo su recorrido en un gasto de energía inmenso e innecesario, además de los riesgos que representa para su salud. Mire la imagen de alguien no está corriendo bien.

young woman running on sunrise beach

Esta chica se lastimará la cadera y las rodillas, como mínimo. Cada vez que su pie caiga en el suelo, como lo dije antes, se estará frenando, porque cae con el talón y muy adelante de su cadera y centro de gravedad.

Hasta aquí llego, aunque la imagen se preste para mucho más. Dejo el espacio abierto que todos aporten con sus conocimientos y completen mis ideas.

Nota trail: la imagen de José Rubiera es cortesía de 3sportview.com

No sabes quién eres hasta que no sales a buscarte

Man running in the foggy countryside near a windmill.

Iba de camino a Santo Domingo para participar, a las 6:30am del día siguiente, en los 25K de la Olla de Presión y me preguntaba qué estaba haciendo. Detrás había dejado a mi familia y sentía una mezcla confusa de sentimientos. Las chicas no quedaron contentas conmigo. Ninguna entendía la razón por la cual las abandonaba de un día para otro por querer correr. Yo mismo estaba en una situación que no me permitía dar una explicación de peso, algo que fuera verdaderamente razonable. Tenía que admitirlo, la decisión de correr tenía poco que ver con los dictámenes de la razón. Era, tomando un atajo con las palabras, un impulso emocional del que me costaba desprenderme porque, en el fondo, tampoco quería hacerlo.

Cierto que las emociones son poderosas y nos mueven a actuar, sin embargo, no por ello se escapan del análisis científico o de la mirada de aquel al que le gustan las ciencias y ve números donde los demás ven hojas. Yo ando por ahí, en ese grupo indefinido de energúmenos. Y, bueno, la emoción iletrada no podía serlo todo. Había algo más, algo grande o pequeño, ridículo o sublime que se movía en esas aguas internas y, ya tranquilo, todavía cansado de la carrera, llegué a entender de qué se trataba. Se los diré.

Tan sólo por comenzar a correr, sé que puedo hacerlo. Yo no sabía que podía correr 10k, hasta que lo hice; no sabía que podía correr 21k, hasta que lo hice; tampoco sabía que podía correr 25k, hasta que me enfrenté a ese trillo. Ahora mismo yo no sé hasta dónde puedo llegar ni cuánto puedo mejorar en tiempo ni en distancia. Porque mi mejor yo está ahí, a unos pasos, en ese cercano futuro, pero tengo que salir a buscarme y, como podrán deducir, lo haré corriendo, sudando, entregado, porque quiero saber quién soy, de qué estoy hecho, hasta dónde puedo llegar cuando yo mismo no me pongo obstáculos mentales.

Nota trail: Es prácticamente imposible predecir el futuro. Podemos mejorar como, también, torcernos un tobillo en el intento. Ayuda muchísimo aprender de los demás, preguntando, leyendo, consultando. Esto es, digamos, la técnica de sentarse a los pies del abuelo a escuchar todo lo que ha aprendido en la vida, con tal de no caer en los mismos baches que él cayó. También ayuda nunca dar por hecho que poseemos la mejor forma de correr del mundo y, por ende, cerrar la puerta a una mejoría. Todo lo que nos haga mejores, sea bienvenido, que con ello se alejan los males y se abre a nuestros ojos un horizonte verdadero, de esos no tienen fin y se ríen a carcajadas de quienes intentan medirlos.

No ahorque sus pies

Hace unos días, una compañía que vende accesorios para atletas subió un video a Youtube que se ha vuelto viral y que hoy comparto con ustedes. En dicho video, un señor explica cómo utilizar los últimos agujeros de las zapatillas para correr. Admito que no sabía qué hacer con esos agujeros hasta que lo vi. Ya sabrán que vivo inventando conmigo mismo y me amarré mis tennis hasta lo más alto y, debo admitir, nunca había sentido un calzado que quedara más ajustado a mi pie por completo. Sentía que estaba unido a mis pies como la piel misma. Salí a correr y, después un tiempo, comencé a sentir un ligero malestar en la planta de los pies, como quien va a desarrollar la muy temida fascitis plantar. Les recuerdo que la fascitis plantar tiene como causa, entre otras más –como una excesiva pronación, por ejemplo-, la escasa flexibilidad en los tendones, los músculos y los ligamentos que van de la planta del pie hasta la pantorrilla, pasando por el talón. Es cierto que si usted se ata los cordones como se explica en el video su pie se no se moverá ni un milímetro dentro del calzado evitando, por lo tanto, la aparición de ampollas y otras molestias similares. Sin embargo, al ajustarse las zapatillas para correr de esa manera, usted bloqueará su talón, sus tobillos y sus tendones, impidiendo una pisada elástica y flexible, que es lo que permite que usted caiga suave con todo su peso en un solo pie y, luego, se propulse hacia adelante en un impulso en el que utilice la menor cantidad de energía, pero mucha eficiencia.

Sin flexibilidad, no hay atleta. Por alguna razón todo el que sabe recomienda hacer ejercicios de flexibilidad, para desentumecer todas las articulaciones y esa red de tejido conectivo que con le dan forma. Saque sus propias conclusiones que yo, por mi parte, ya lo hice. Jamás me vuelvo a ahorcar los pies como en aquella mañana. Never, my dear friends.

El cerdo trillero

Funny pig in the mountain. Dolomiti, italy

Los vemos a diario en las oficinas públicas o privadas, en los portales de los colegios, en las aceras, detrás del volante, en los trillos, en los charcos, en los parques, en los jardines universitarios modelando ropa nueva y calzado de más de 10 mil. Los vemos y nos hacen sufrir. Son los corredores que se gozan en pasarnos por encima, jamás por el lado. Son los que han olvidado palabras comunes como “perdón”, “gracias”, “por favor”, “lo siento”. Son los que se gozan en el dolor del otro y, si alguien se lesiona, se encargan de divulgarlo como si anunciaran la cura de alguna enfermedad. Caminan muy erguidos y son expertos en mirar por encima del hombro. Son más altos que los demás porque están subidos en zapatos que no se pueden comprar con moneda nacional. Se esfuerzan muchísimo en llegar a la meta primero que los fulanos con los que corre y, una y otra vez, revisan la lista de los finalistas de las competencias para ver los nombres de las personas que superó en tiempo. Son gente que dan pena porque, poco a poco, se adentran en el camino de dejar de ser personas para llegar a cerdos. Y de los cerdos, amigos lectores, se come todo, pesuñas, orejas, costillas, tripas, ojos. Todos sabemos lo que pasará con el cerdo trillero, terminará en el plato de otro peor que él.

Los márgenes existen

Riposo dopo corsa in montagna

Dicen por ahí que, cualquier cosa que hacemos, afecta todo lo demás. Es decir, por ejemplo, si usted trabaja por la adquisición de cierta cantidad de dinero y establece, para ello, relaciones de tipo comercial con socios, suplidores, empleados y clientes, podría llegar un momento en el cual todas sus relaciones las vea y viva desde la perspectiva de un intercambio financiero. En dicho intercambio usted procuraría, a toda costa, obtener un beneficio y jamás se involucraría con nadie al que no le pueda sacar algún provecho. Este sería el ejemplo de un reduccionismo lamentable y triste, porque alguien que sólo se acerque a los demás para explotarlos a su favor, jamás sabrá lo que es dar o recibir amor.

Le doy otro ejemplo. Todos aprendemos a manejar un automóvil a temprana edad y, llegados a los dieciocho o a los veinte años, el estado nos da permiso para circular en un carro. Quien conduce, tiene muy poco tiempo para ver a los lados pues debe centrar su atención hacia el frente, a donde se dirige, o hacia atrás, de donde le puede venir alguna amenaza. A usted quizás le haya pasado como a mí que, luego de haber cruzado en mi carro decenas de veces por el mismo lugar, sólo llego a conocerlo de verdad cuando camino por él, porque sólo caminando puedo conocer los márgenes del camino, las casas que se levantan una frente a la otra, el perro gris de aquella vecina, los árboles de la calzada. Caminando me puedo detener cuando me plazca sin que alguien me toque la bocina por detrás. Pero si el ver sólo hacia adelante se cuela en su manera de ver la vida porque, por igual, es lo que hace durante horas manejando, entonces verá muy poco de ella y, quizás, lo menos interesante.

Correr, y mucho mejor si es por trillo, puede hacer un milagro por nosotros los que sólo estamos enfocados en lo que está delante o está detrás, en el pasado o en el futuro, y es abrir nuestro interior a los márgenes de la realidad. El que está al lado, existe; este camino empedrado en el que no me había fijado, existe; esta flor de la orilla, existe. De vez en cuando, deténgase y, tanto en su vida como en ese viejo camino que recorre a las seis de la mañana, de una vuelta de 360 grados. Tal vez se sorprenda al notar cómo, para ser sinceros, jamás ha estado o pasado por allí. Los márgenes de la realidad existen, y son el complemento de aquello que dejamos detrás y de todo lo que nos espera en el porvenir.