Para correr bien hay que ser canallas

Sprinter young vitality man on field

– Canalla –repitió mi amigo, un poco más bajo la segunda vez. Estábamos sentados en un restaurant y, ya medio borracho, comenzó a revelar detalles tristes de su infancia. Era el hermano menor de una familia de nueve y el padre, por la razón que fuera, había sido muy duro con él. La palabra “canalla” resumía la relación que tuvo con su progenitor casi hasta el final de su vida, cuando el Alzheimer irrumpió en el escenario y, como no pocas veces sucede, ninguno de los hermanos mayores quiso hacerse cargo del viejo. Mi amigo tuvo que echarse el padre convaleciente a los hombros y mudarlo con él a un apartamento pequeño en el que tenía una sola cama. Dormían juntos, le daba los medicamentos y la comida; lo bañaba y lo vestía. Cuando el viejo murió, lo hizo en silencio, sin que se diera cuenta, mientras dormían los dos, uno al lado del otro. Antes, sin embargo, mientras estuvo consciente, el padre de mi amigo no lo vio si no como al hijo canalla. Canalla porque tenía novia o no la tenía; porque trabajaba o no; porque dormía de día o de noche; por lo que fuera.

La conversación llegó a su fin cuando una camarera se acercó a traernos la cuenta sin nosotros haberla pedido. Eran más de las doce de la media noche y el restaurante había sobrepasado su hora de cierre así que, de una manera poco sutil, nos echaron.

Ninguno volvió a sacar el asunto en conversaciones posteriores hasta que, una mañana en la que descendíamos como vaqueros sin caballo por una pendiente, corriendo ya sin aliento, me mandó a detener en un desnivel, cerca de un árbol que producía una sombra enorme e impresionante. Cuando pudimos hablar, me dijo:

– Corres demasiado recto. Lo ideal es que te inclines unos grados hacia adelante para aprovechar la fuerza de la gravedad.

– ¿Qué consigo con eso? –le pregunté.

– Dos cosas importantes. Cuando te inclinas hacia adelante, recibes un impulso de la gravedad que te proyecta hacia el frente en la misma dirección hacia la cual caes, economizando fuerza muscular. Lo segundo es que, al hacerlo, colocas delante de ti parte de tu peso y, al crear ese desbalance, aunque no lo creas, te pesas menos –a mi amigo le gustaban las ciencias y quiso, más adelante, hacer algo de alarde-. Es un descubrimiento viejísimo de un tal Thomas Graham-Brown. Mira.

Se inclinó hacia adelante e hizo como si se fuera a caer de boca y, como sin quererlo, comenzó a correr. Luego se detuvo y continuó hablando.

– El científico escocés notó que cuando un humano corre, le está permitido a su centro de gravedad desplazarse hacia adelante, con lo cual consigue que la misma gravedad lo empuje.

A mí no me pareció nada difícil aprovechar la gravedad y, tal como había hecho mi amigo, levanté un poco una pierna y me dejé caer hacia adelante sintiendo, en efecto, el impulso de la fuerza de gravedad. Sin embargo, mi amigo notó que hacía algo mal.

– Así no. Te estás inclinando desde la cintura. Con ello lo que conseguirás es colocar un peso enorme en la espalda baja y en las piernas. Ese es un camino seguro hacia una lesión.

Haciendo una pausa, mi amigo volvió a mostrarme cómo debía hacerlo correctamente. Luego dijo:

– A mí me resulta fácil porque soy un canalla. Y los canallas somos, en la especie humana, los que más bajo hemos caído. Nos resulta fácil caer así, de cuerpo entero, sin doblarnos por la cintura o encorvarnos –al decir esto, me guiñó un ojo y comenzó a correr. Yo intenté reírme para aparentar que me hacían gracia aquellas palabras con tanta melancolía de fondo, pero iba lejos, a un ritmo de muy pocos minutos por kilómetro.

Aquel día aprendí una nueva lección y es que, si se quiere correr bien, con el menor esfuerzo posible, hay que ser canallas y, sin miedo, dejarse caer. Aunque, claro, otras cosas más aprendí aquella mañana, pero ya no conciernen al tema que ocupa esta página y lo dejo a la imaginación del amigo lector.

Correr no es bailar merengue

Man practicing trail running and leaping in a path in the coast

Era sábado e iba segundo, detrás de Nick, que ese día corría con sus sandalias, como taraumara detrás de un ciervo. Llegamos a la meta después de un recorrido de 12km. La ruta era muy entretenida y la hicimos en grupo hasta que, en el kilómetro seis, se armó una desbandada y todo el que pudo, corrió como si fuera por la conquista de una medalla. Todavía le faltaba aire a mi cerebro cuando Nick se me acercó y me preguntó por las rodillas.

– ¿Cuáles rodillas? ¿Te refieres a las mías? -pregunté, impresionado.

– Por supuesto, las tuyas -me dijo, con seriedad.

– Están muy bien, ¿por qué preguntas?

– En una o dos semanas te dolerán -Nick estaba muy seguro de lo que decía. Los gestos que acompañaron sus palabras no decían otra cosa.

En eso llegaron otros corredores y nos separamos un momento. En poco tiempo todo el grupo volvía a reunirse y la conversación estaba animada, pero yo no dejaba de pensar en mis rodillas y en eso que Nick, como un hechicero medieval, me estaba augurando. Cuando pude, lo llamé a un lado y le pedí que me explicara las razones por las cuales le diagnosticaba aquella fatalidad a mis queridas rodillas.

– Mueves demasiado tu torso. De un lado a otro en cada braceo. Parece que estuvieras bailando -Nick me mostró con gestos lo que yo hacía mientras corría, creyendo que era lo mejor del mundo para un corredor-. A las rodillas se les permite muy poco movimiento hacia los lados. Cuando te balanceas de ese modo, estás obligándolas a irse de lado en una rotación que no les es permitida. Esa rotación forzosa te lastimará toda la coyuntura.

No pasó ni un día para que las rodillas, después de un breve entrenamiento de 5km, me comenzaran a doler y la profesía de Nick empezara a hacerse realidad. Por suerte, sabía la causa y la corregí a tiempo porque, hermanos, es verdad, es totalmente cierto, correr no es ni será bailar, aunque en ambas acciones se sude.

 

To my friend Nick. Thank you.

El hombre que corría sin columna

fitness runner

Lo que diré a continuación es real. Sucedió tal cual le llegó de la memoria al que me lo contó, y le creo.

La persona, un corredor de trillos de varios años de experiencia, sufría de dolores agudos en la rodilla derecha. Iban y venían a su antojo y temía por la salud de sus piernas, porque tampoco quería dejar de correr y no le apetecía escuchar la voz ronca de algún médico obligándolo a abandonar su pasión, para luego mandarlo a dar pasos cortos a una caminadora de gimnasio. Pero la persona en cuestión era muy curiosa y, por lo regular, nunca dejaba de leer y de ver videos informativos sobre el arte de correr y de cómo hacerlo bien. Viendo uno de esos videos estaba cuando, un especialista, evaluando la manera de correr de un atleta, señaló porqué le dolía también la rodilla. Todo se resumía a lo siguiente, cuando el atleta tocaba la tierra con el pie izquierdo, su pelvis se inclinaba visiblemente hacia el lado derecho creando un desbalance que ponía muchísima presión sobre la rodilla. ¿Por qué dicho atleta dejaba caer la pelvis hacia ese lado de una manera tan exagerada? Pues, sencillamente, por una pequeña desviación en la columna vertebral.

Cuando mi amigo vio esto, pensó, eso es justamente lo que me pasa a mí, no lo puedo creer. Al día siguiente le tocó la puerta a un quiropráctico que había a un par de esquinas de su negocio para, en efecto, comprobar que también padecía de varias subluxaciones entre la primera y la última vértebra, así como de una ligera escoliosis lumbar que afectaba su manera de correr.

El quiropráctico, un extranjero de más cuarenta años de experiencia, le contó que trabajó con corredores en su país por un buen tiempo y le manifestó su disgusto con la obsesión de la mayor parte de dichos atletas, de sólo poner sus ojos en la dolencia que tienen en una pantorrilla, en un tobillo o en una rodilla, porque pocas veces se molestaban en buscar una causa común la cual, según él, estaba en esa formación ósea en torno a la cual están ensambladas todas las extremidades.

En conclusión, si tienes alguna molestia al correr o después de hacerlo, visita un quiropráctico, un ortopeda o un terapista físico y hazte una evaluación de la columna vertebral. No sigas el camino tortuoso de mi amigo, un hombre que había olvidado que tenía columna y, al parecer, corría sin ella.

Tu cuerpo llega, hasta donde tu mente se lo permita

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Sales. En el horizonte a penas se perciben sombras, visiones y mucha soledad, una barcaza cargada de silencio. Respiras profundo y es como si consumieras la totalidad del mundo en cada inspiración. No has pasado de una hora a la siguiente y ya tu mente comienza a inventar obstáculos para que un pie no se adelante al otro. La posibilidad de un dolor te duele antes en un pensamiento que se cruza rapidísimo por tu mente. Y luego, esa visión de lo que te traerá el paisaje, ese salto que hace tu imaginación al futuro te hace pensar en cuánto te falta por llegar, en todas esas piedras que aún no pisas y ese barro que aún no te ensucia.

La mente tiene sus trucos para hacerte volver atrás, para detenerte, para hacerte infeliz y no se harta de decirte que el camino es mucho para ti y recordarte la fragilidad de esos pies que alguna vez alguien criticó. La mente jode, carajo. Es mucho peor que cualquier perro rabioso que se cruza o cualquier ventisca que no rompe ni una brizna de palma. La mente es una parte más del camino que hay que pisar. Pisarla para impulsarte, para verte en la meta que es donde está tu verdadera medida, tu auténtica estatura, tu único yo.

En tiempos de calor

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Se puede correr por ese trillo que tanto te gusta en el tiempo que sea, en el clima que sea, si te lo propones. Ahora bien, si el calor es intenso, como suele suceder por los predios tropicales, te recomendamos todo lo que se ve en la imagen y que detallamos en la lengua de Cervantes:

1. Despacio. Comienza el trayecto despacio hasta que encuentres un ritmo que puedas sostener la mayor parte de tu recorrido; un ritmo que te permita construir una aceptable confianza en ti mismo.

2. Plan. Ten un plan elaborado desde el inicio. Es decir, si vas correr 21km, piensa en el ritmo ideal en el que te mantendrás corriendo los primeros 5km, luego los otros 5km que continuan, y así hasta el final.

3. Líquidos. LLeva contigo los recursos de hidratación que necesitarás.

4. Vestuario. Utiliza ropa específicamente diseñada para correr, esto te mantendrá el cuerpo rondando una temperatura aceptable. Anota, este es un dato importante. Saca de tu armario el tshirt de algodón y no te atrevas a ponértelo encima en ninguna carrera.

5. Hora. Si es posible, corre en unas horas en las que la temperatura esté soportable.

6. Árboles. Elige los caminos que tengan más foresta y aprovecha las sombras.

7. Filtro solar. Utiliza una crema de protección solar. Y cuidado, no puede ser cualquier crema. Si no es para deportistas, cometerás un error que lamentarás, pues los ojos te estarán ardiendo hasta después de correr y por horas.

8. Club. Corre en grupo. Esto es por si te da un mareo, jejeje.

9. Agua. De vez en cuando, tira algo de agua sobre tu cabeza para refrescarte y mantener la temperatura de tu cuerpo lo más baja posible.

10.Hidratación. Aprende a escuchar los signos de tu cuerpo. Cuando te pide agua, no te hagas el sordo.

Trillo largo, carga pesada

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Algunos se preguntarán qué llevar a una carrera donde se impone una larga distancia. Estos son algunos de recursos que se echan encima los corredores.
1. Pack de hidratación.
2. Guantes para correr (donde haga frío).
3. Energy gels.
4. Semillas.
5. Kit de primeros auxilios.
6. Chocolates.
7. Ice spray.
8. Silbato.
9. Manta para el frío (de ser necesario).
10. Protector solar.
11. Lentes de sol.
12. Road ID. Esencial. Nadie debiera salir a un monte sin una identificación donde se incluya un nombre, teléfono y el tipo de sangre.
13. Celular.
14. Sueter.

Algunos quitarán o agregarán. Lo enumerado anteriormente sólo busca orientar y dar ideas.

Traducción libre del original inglés. En: supergenericgirl.com

Anton Krupicka, el minimalista.

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Anton Krupicka es un hombre especial. Corre 100km como quien se lleva la cuchara a la boca, y lo hace en calzado minimalista. Ahora bien, es una persona realista y está al tanto de lo que sucede en el mundo de los corredores y las lesiones que frecuentemente se dan. Cuando, en una entrevista, le preguntaron a cerca de lo que piensa acerca de las zapatillas minimalistas, si son o no perjudiciales para los atletas, respondió: “hay un peligro absoluto en el calzado minimalista, y lo hay porque la gente, por lo regular, está atrapada por la moda y el marketing. Compran sus minimalistas y salen como locos a correr, sin entender todo el tiempo que se requiere para que el cuerpo se adapte a correr descalzo o casi descalzo”.
En conclusión, si saltas al minimalismo,  hazlo despacio, con una planificación gradual y a largo plazo que le permita a tu cuerpo fortalecerse.

Del original inglés: ElaineVDW’s Sparkpage. En: sparkpeople.com